UN MANIFIESTO POR LA VIDA

 

 

 

Denis Mukwage nació en 1955 en La República Democrática del Congo (ex Congo Belga), teniendo claro desde muy niño que su vocación era la de ser médico. Estudio medicina en Burundi y tras sus primeros años ejerciendo la medicina descubrió que muchas embarazadas de su país no recibían atención prenatal, lo que hacía que un número elevado de gestaciones acabaran en tragedia. Por ello se trasladó a Francia para estudiar Ginecología y Obstetricia. De regreso a su país se volcó en la prestación de cuidados y atención a las mujeres más desfavorecidas de su tierra. Años más tarde y en medio del conflicto armado que asoló el este del Congo, fundo el hospital de Panzi en Bukavu, en una región en que los diferentes ejércitos armados habían convertido las violaciones y las mutilaciones genitales en armas de guerra y comenzó a tratar a las numerosas víctimas de la violencia sexual: ello le ha llevado a sufrir varios atentados y amenazas por denunciar esta situación y por ser la voz de estas mujeres.

En 2006 pronunció un discurso ante la asamblea general de la ONU levantando la voz ante esta situación. Desde entonces ha recibido innumerables reconocimientos y galardones internacionales entre ellos el Premio Olaf Palme a los Derechos Humanos, el Premio de Derechos Humanos de la Naciones Unidas, el premio Sájarov para la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo y en el año 2018 el Premio Nobel de la Paz, que recibió junto a Nadia Murad, antigua esclava sexual del Daesh.

En esta autobiografía “Un manifiesto por la vida” nos narra los hechos de su vida y su lucha a favor de las mujeres pudiendo destacar su labor como médico, pero también su capacidad de escucha y su humanismo a la hora de tratar con el dolor y el sufrimiento de estas mujeres.

En su discurso de recibimiento del premio Nobel de la paz pronunció estas palabras: “Este premio es tanto para mí como para todas las mujeres del Congo que han pasado por graves dificultades y han sufrido violencia sexual… … Es importante también para mí decir que el hospital de Panzi es un lugar de paz en el que todo el mundo es bienvenido y en el que continuaré haciendo mi trabajo. Jamás dejaré de predicar la paz. Voy a responder al odio con más amor, para mostrar que el mal nunca vencerá. Transmitir amor para mí es cuidar de los enfermos y darles esperanza”

Espero que la lectura del libro os inspire y os anime también a llevar amor y esperanza en vuestro trabajo diario.

Podéis leer la reseña completa en formato pdf. en la página LIBROS

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